Mi primer viaje smoby
De la serie "mi primer... smoby", tras el éxito cosechado por "mi primer reconocimiento smoby" y "mi primer estallido-de-calientaleches smoby", hoy os traigo "mi primer viaje smoby". Y como sus veo venir, para l@s listill@s que digan "sí, claro, tu primer viaje si no paras, culillo de mal asiento", tengo que aclarar antes de nada que se trata de mi primer viaje de currele.
No voy a entrar en muchos detalles (que una no tiene madera de espía industrial ni tengo ganas de hablar de curro más que lo justo y necesario). Pero la cosa fue tal que así:
Me levanto el miércoles a horas indecentes (o sea, horas a las que la calle suele resultarme confusa y movediza debido a la cogorza que suelo calzar - sólo los fines de semana, que no soy tan alcohólica xD), para ducharme, ponerme el disfraz de ejecutiva de éxito y llamar a un tasis. La tasista (creo que está buena pero hay tanto sueño que no tengo ni ganas de comprobarlo) me pregunta qué ruta prefiero para ir a la T4 (se ve que le gusta el riesgo). Así que así llego con mi maletita con ruedas y mis papelitos a la T4, esa gran desconocida (vamos, que eran papeles lo que llevaba bajo el brazo, pero igual podía haber sido una gallina porque mi cara de cateta era la misma). Pregunto a la señorita de información ande me dan el billete, y después de descartar el elemento tecnológico (usease, que podía hacerlo en las máquinas pero dada mi torpeza natural no era recomendable), me voy al mostrador. Primera prueba superada!
Vale, ahora sólo tengo que llegar a la terminal satélite, coger el trenecito y tal. De camino, sincronizo movimientos con mi jefe, que ya me está esperando allí, y como llegamos pronto, nos vamos a la sala VIP (ossssea sí). Lo de la sala VIP me hace sentirme más cateta aún. La sala está chula, parece una cafetería de postín con sus silloncitos, sus mesitas y tal, pero lo que más me choca es el rollo comida-y-bebida-gratis. Aquí mis neuronas entraron en sobrecarga. Quicir, ¿gratis? Qué conflicto moral, el de aparentar que soy una yuppie pretenciosa como todos los que me rodean y la fuerza de mi sangre de barrio que me recrimina el no haberme traído tupperwares para meter los sangüis y los bollos. Y además sin bolsillos para meterme cositas... siejqueeeeeee
El caso es que al final nos tomamos un café y un bollo, y ya se nos hizo la hora de ir a embarcar. Llegamos a la puerta de embarque (en la otra punta) y tachan tachan... ¡retraso de una hora! Pos ná, otra vez a la sala VIP, mosqueo porque en las pantallas no dice nada del retraso, y justo cuando voy a preguntar en el mostrador de información, la señita dice que volvamos otra vez a embarcar.
Llevo hecho más ejercicio en dos horas que en el último mes ¬¬
Esta vez sí embarcamos, pero lo de salir más o menos puntual era una falsa alarma: en realidad nos tuvieron esperando sentados y encerrados sin poder movernos hasta que pasó la hora que habían dicho antes. A mí me empieza a entrar sueñirri así que me quedo sopa y sólo abro los ojos ver a la azafata haciendo como que sopla el chaleco salvavidas. Como eso ya lo tengo mu visto, me vuelvo a sobar y sólo me despierto cuando huelo a comida (que alguien me extirpe al Homer Simpson que hay en mí pordiosssss). Nos pasan las bandejitas, me lo como todo (eso ha sonado fatal...) y ya no me sobo otra vez porque entre que recogen la bandeja y tal estamos casi en Londres.
Salimos del avión y del aeropuerto sin que me detengan y nos pillamos un taxi (esta vez se ha ganado la categoría de taxi porque era un pedazo de mercedes superlujo kitikagas) que conduce un tío de León clavadito a Manolo Moran, y que nos lleva a Bristol, donde tenemos la reunión.
A todo esto, como es tradición en la Gran Bretaña, llueve a mares.
En Bristol, en la oficina donde es la reunión, están todos comiendo a dos carrillos en plan de catering. Me dicen que aproveche, así que yo me pongo también a la tarea. Luego reunión (Zzzzzz...) con el abuelito de Werthers Original y compañía (es que uno de ellos es el clásico señor inglés con tirantes y bombín, pero es como un abuelito entrañable que dan ganas de sentarte en sus rodillas y decirle que este año has sido muy muy buena) hasta las 18h, que se levantan todos como si hubiera sonado la campana, y nos vamos los 5 españoles al hotel, con el viaje amenizado por los chistes malos de uno de ellos que es un cachondo.
En el hotel, que es así de superlujazo, hago el registro y me piden mi canné y una tarjeta de crédito (que yo, como buena parda, no tengo, así que me toca pagar en metálico por adelantado). Mi habitación es inmensa y tiene dos camas de matrimonio (así que me paso toda la noche esperando que de un momento a otro entre una señorita que me haga mujer por fin - bueno, una o varias que hay dos camas xD). Como por la noche hay fúmbol y a mí, la verdad, ni me va ni me viene, decidimos los tres a-fumboleros que nos vamos a cenar a un italiano de la ciudad (restaurante, se entiende ¬¬) así que me quito el disfraz de ejecutiva agresiva, me planto los vaqueros y una camiseta y pa fuera.
Bristol está bien, psá, una ciudad pequeñita inglesa, pero como llueve y eso no la disfruto demasiado (además, que estoy cansada y con dos personas que por edad podrían ser mis padres :-S). A la vuelta nos encontramos con que ha ganado el Barça -enhorabuena a los premiados- así que mirusté que bien, que va a estar contento mi jefe y mi pater. Llegada al hotel, jesusito de mi Zzzzzzz....
Al día siguiente, duchita, otra vez me pongo el disfraz de yuppie y hago la maleta para ir a desayunar. Otra vez sufro el complejo de clase media durante el buffet de desayuno. Porque claro, yo un buffet así sólo lo he visto en mi primer viaje a Asturias, pero como iba con mis amigas que son tan gochas como yo, nos poníamos ciegas de todo sin ningún cargo de conciencia, pero aquí... Bueno, qué coño, si me puse ciega igual, me daba lo mismo que la gente me mirara mientras hozaba en mi plato xDDD
Nos vamos a la reunión, otro coñazo como el día anterior, pero esta vez con pastitas, y a las 3 decidimos que mi jefe y yo nos vamos, que nos queda una tiradita de 2 horas a Bristol y aunque vamos con tiempo de sobra ya nos queremos pirar (no hacen falta más explicaciones). Otra vez viene el taxista a por nosotros, en el camino nos quedamos un poco sobaos, y en el aeropuerto, una vez que conseguimos el billete, nos vamos a la sala VIP. Ésta está un poco más masificada que la de Madrid, pero es igual, también las cosas son gratis. Me corto un poco y no me echo un copazo (eso lo dejaré para cuando vaya sola) pero me meto unos cuantos sangüis entre pecho y espalda y unos refrescos. Leo el periódico, me quedo sopa, y cuando ya es la hora, como vemos que no sale nuestro vuelo en las pantallas (siguiendo la tradición) mi jefe y yo decidimos ir a investigar. Nos mandan a la otra punta del aeropuerto y hala, a esperar otra vez que vuelve a haber retraso.
En el viaje de vuelta, como me ponen a un pavo de éstos yuppies repelentes al lado, no puedo repanchingarme en condiciones sin arrugarle el Finantial Times (buah!), así que me hago una bolita con mi iPod y pese al ruidazo de los motores caigo en los brazos del único macho que dejo que me posea: Morfeo. Me vuelvo a levantar con el olor de comida (soy como el perrito de Pavlov), y después de satisfacer a la bestia (o sea, a mi estómago) me vuelvo a sobar, para despertarme únicamente cuando anuncian que estamos llegando a Madrid.
Oootra vez deshacer el camino de la T4 con los ejecutivos abubillas peleándose por los ascensores, los sitios en el trenecito y los tasis, y hala, de vuelta a casa con un tasista que me llevaba todas las ventanas abiertas (aunque me viene bien para no quedarme sopa, porque tengo que indicarle). Llego al hogar, donde Darth Isabel me esperaba despierta y al ordena para comprobar si me habéis echado de menos (que tampoco ha sido mucho, la verdad ¬¬).
La parte buena: que hoy he tenido bula de mi jefe para llegar tarde ^^. La parte mala... sigo sin encontrarle parte mala, me mola viajar!!
No voy a entrar en muchos detalles (que una no tiene madera de espía industrial ni tengo ganas de hablar de curro más que lo justo y necesario). Pero la cosa fue tal que así:
Me levanto el miércoles a horas indecentes (o sea, horas a las que la calle suele resultarme confusa y movediza debido a la cogorza que suelo calzar - sólo los fines de semana, que no soy tan alcohólica xD), para ducharme, ponerme el disfraz de ejecutiva de éxito y llamar a un tasis. La tasista (creo que está buena pero hay tanto sueño que no tengo ni ganas de comprobarlo) me pregunta qué ruta prefiero para ir a la T4 (se ve que le gusta el riesgo). Así que así llego con mi maletita con ruedas y mis papelitos a la T4, esa gran desconocida (vamos, que eran papeles lo que llevaba bajo el brazo, pero igual podía haber sido una gallina porque mi cara de cateta era la misma). Pregunto a la señorita de información ande me dan el billete, y después de descartar el elemento tecnológico (usease, que podía hacerlo en las máquinas pero dada mi torpeza natural no era recomendable), me voy al mostrador. Primera prueba superada!
Vale, ahora sólo tengo que llegar a la terminal satélite, coger el trenecito y tal. De camino, sincronizo movimientos con mi jefe, que ya me está esperando allí, y como llegamos pronto, nos vamos a la sala VIP (ossssea sí). Lo de la sala VIP me hace sentirme más cateta aún. La sala está chula, parece una cafetería de postín con sus silloncitos, sus mesitas y tal, pero lo que más me choca es el rollo comida-y-bebida-gratis. Aquí mis neuronas entraron en sobrecarga. Quicir, ¿gratis? Qué conflicto moral, el de aparentar que soy una yuppie pretenciosa como todos los que me rodean y la fuerza de mi sangre de barrio que me recrimina el no haberme traído tupperwares para meter los sangüis y los bollos. Y además sin bolsillos para meterme cositas... siejqueeeeeee
El caso es que al final nos tomamos un café y un bollo, y ya se nos hizo la hora de ir a embarcar. Llegamos a la puerta de embarque (en la otra punta) y tachan tachan... ¡retraso de una hora! Pos ná, otra vez a la sala VIP, mosqueo porque en las pantallas no dice nada del retraso, y justo cuando voy a preguntar en el mostrador de información, la señita dice que volvamos otra vez a embarcar.
Llevo hecho más ejercicio en dos horas que en el último mes ¬¬
Esta vez sí embarcamos, pero lo de salir más o menos puntual era una falsa alarma: en realidad nos tuvieron esperando sentados y encerrados sin poder movernos hasta que pasó la hora que habían dicho antes. A mí me empieza a entrar sueñirri así que me quedo sopa y sólo abro los ojos ver a la azafata haciendo como que sopla el chaleco salvavidas. Como eso ya lo tengo mu visto, me vuelvo a sobar y sólo me despierto cuando huelo a comida (que alguien me extirpe al Homer Simpson que hay en mí pordiosssss). Nos pasan las bandejitas, me lo como todo (eso ha sonado fatal...) y ya no me sobo otra vez porque entre que recogen la bandeja y tal estamos casi en Londres.
Salimos del avión y del aeropuerto sin que me detengan y nos pillamos un taxi (esta vez se ha ganado la categoría de taxi porque era un pedazo de mercedes superlujo kitikagas) que conduce un tío de León clavadito a Manolo Moran, y que nos lleva a Bristol, donde tenemos la reunión.
A todo esto, como es tradición en la Gran Bretaña, llueve a mares.
En Bristol, en la oficina donde es la reunión, están todos comiendo a dos carrillos en plan de catering. Me dicen que aproveche, así que yo me pongo también a la tarea. Luego reunión (Zzzzzz...) con el abuelito de Werthers Original y compañía (es que uno de ellos es el clásico señor inglés con tirantes y bombín, pero es como un abuelito entrañable que dan ganas de sentarte en sus rodillas y decirle que este año has sido muy muy buena) hasta las 18h, que se levantan todos como si hubiera sonado la campana, y nos vamos los 5 españoles al hotel, con el viaje amenizado por los chistes malos de uno de ellos que es un cachondo.
En el hotel, que es así de superlujazo, hago el registro y me piden mi canné y una tarjeta de crédito (que yo, como buena parda, no tengo, así que me toca pagar en metálico por adelantado). Mi habitación es inmensa y tiene dos camas de matrimonio (así que me paso toda la noche esperando que de un momento a otro entre una señorita que me haga mujer por fin - bueno, una o varias que hay dos camas xD). Como por la noche hay fúmbol y a mí, la verdad, ni me va ni me viene, decidimos los tres a-fumboleros que nos vamos a cenar a un italiano de la ciudad (restaurante, se entiende ¬¬) así que me quito el disfraz de ejecutiva agresiva, me planto los vaqueros y una camiseta y pa fuera.
Bristol está bien, psá, una ciudad pequeñita inglesa, pero como llueve y eso no la disfruto demasiado (además, que estoy cansada y con dos personas que por edad podrían ser mis padres :-S). A la vuelta nos encontramos con que ha ganado el Barça -enhorabuena a los premiados- así que mirusté que bien, que va a estar contento mi jefe y mi pater. Llegada al hotel, jesusito de mi Zzzzzzz....
Al día siguiente, duchita, otra vez me pongo el disfraz de yuppie y hago la maleta para ir a desayunar. Otra vez sufro el complejo de clase media durante el buffet de desayuno. Porque claro, yo un buffet así sólo lo he visto en mi primer viaje a Asturias, pero como iba con mis amigas que son tan gochas como yo, nos poníamos ciegas de todo sin ningún cargo de conciencia, pero aquí... Bueno, qué coño, si me puse ciega igual, me daba lo mismo que la gente me mirara mientras hozaba en mi plato xDDD
Nos vamos a la reunión, otro coñazo como el día anterior, pero esta vez con pastitas, y a las 3 decidimos que mi jefe y yo nos vamos, que nos queda una tiradita de 2 horas a Bristol y aunque vamos con tiempo de sobra ya nos queremos pirar (no hacen falta más explicaciones). Otra vez viene el taxista a por nosotros, en el camino nos quedamos un poco sobaos, y en el aeropuerto, una vez que conseguimos el billete, nos vamos a la sala VIP. Ésta está un poco más masificada que la de Madrid, pero es igual, también las cosas son gratis. Me corto un poco y no me echo un copazo (eso lo dejaré para cuando vaya sola) pero me meto unos cuantos sangüis entre pecho y espalda y unos refrescos. Leo el periódico, me quedo sopa, y cuando ya es la hora, como vemos que no sale nuestro vuelo en las pantallas (siguiendo la tradición) mi jefe y yo decidimos ir a investigar. Nos mandan a la otra punta del aeropuerto y hala, a esperar otra vez que vuelve a haber retraso.
En el viaje de vuelta, como me ponen a un pavo de éstos yuppies repelentes al lado, no puedo repanchingarme en condiciones sin arrugarle el Finantial Times (buah!), así que me hago una bolita con mi iPod y pese al ruidazo de los motores caigo en los brazos del único macho que dejo que me posea: Morfeo. Me vuelvo a levantar con el olor de comida (soy como el perrito de Pavlov), y después de satisfacer a la bestia (o sea, a mi estómago) me vuelvo a sobar, para despertarme únicamente cuando anuncian que estamos llegando a Madrid.
Oootra vez deshacer el camino de la T4 con los ejecutivos abubillas peleándose por los ascensores, los sitios en el trenecito y los tasis, y hala, de vuelta a casa con un tasista que me llevaba todas las ventanas abiertas (aunque me viene bien para no quedarme sopa, porque tengo que indicarle). Llego al hogar, donde Darth Isabel me esperaba despierta y al ordena para comprobar si me habéis echado de menos (que tampoco ha sido mucho, la verdad ¬¬).
La parte buena: que hoy he tenido bula de mi jefe para llegar tarde ^^. La parte mala... sigo sin encontrarle parte mala, me mola viajar!!
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