Un domingo cualquiera
Ayer tuve un día rawro rawro rawro. Supongo que es lo que pasa cuando hay un Madrid-Barça y decides ignorarlo. Aunque puede que todo empezara por levantarme a las 6:30 para acercar a la parienta a casa, y claro, cuando una se levanta a esas horas en un domingo en lugar de acostarse invierte el orden natural de las cosas y probablemente en alguna parte del mundo aparezca un cangrejo gigante. O algo. La cosa es que a las ocho ya estaba de vuelta en casa, despejada como si hubiera dormido veinte horas (en vez de tres) y sin tener nada qué hacer. Es decir, siempre hay algo que hacer: limpiar, planchar, introducirse cerillas entre las uñas y los dedos de los pies... pero me refiero a algo apetecible. Así que hice lo lógico: me puse a ver capítulos de series de anime que tenía por ahí perdidos de la mano de dios (concretamente para mentes inquietas y/o cotillas: Strawberry Panic) mientras engullía las galletas Príncipe de mi apañera de piso Paca (esta tarde compro, ñoñi >_ A eso de las d...