Dormirse en clase
Hoy, queridos niños y niñas, os voy a hablar de esa sensación tan entrañable que todos y todas hemos experimentado alguna vez: dormirse en clase. Y más que eso, de los tratamientos de choque que se me suelen ocurrir para vencer a Morfeo (aunque el resultado Zupe - Morfeo suele ser un 2 seguro) *Es que hemos acertado una quiniela de 11 en mi cubículo y estamos emocionados como cachorrillas ^^* Mi primer encuentro con el sueñín escolar fue en el instituto, y no me ocurrió a mí (yo por entonces era bastante repelente niña vicente, como diría mi cobloguera Leda , o lo que es lo mismo, una empollona ajquerosa). En matemáticas de bachillerato teníamos una profesora (jojonuda, por cierto) que el primer día hizo que instalaran una pizarra extra en clase. Al día siguiente, comprendimos que en realidad lo que quería era demostrarnos que es posible desafiar las leyes de la física escribiendo a velocidades superiores a c . Evidentemente, si pestañeabas siquiera, ya la habías cagao, porque te lleva...