Cuando la seño se aprende tu nombre
Es una putada, desde luego. En el cole no nos damos cuenta, porque lo raro sería que después de diez años con casi los mismos profesores no se supieran tu nombre (raro y triste). Además, yo en el cole - y en mis instis - pese a ser una bandarra, como era una empollona sólo pronunciaban mi nombre para decirme que muy bien (y para decirme que me callara, porque estaba todo el santo día de cháchara). Luego llegas a la universidad, donde ya te lo dicen de entrada: eres un número. No se sabe cuál, pero eres un número (¿e? ¿pi? ¿cero?). El caso es que te refugias en el anonimato para hacer el vago con total impunidad. Eso hasta que te pasa como a mí, que el día menos pensado, mientras que estás haciendo el ganso con tus compañeras en Cálculo II, te llega Udías (el profe) y te dice "Tú, Mercedes, sal a la pizarra a hacer el ejercicio!" Naturalmente, toda una fila, tíos incluídos, nos giramos para ver quién era la tal Mercedes, hasta que Udías fue concentrando la mirada (y eso que u...