Miércoles de ceniza (batallitas de la Zupe)

Atención: voy a entrar en modo abuela cebolleta, read at your own risk...

Ayer fue miércoles de ceniza, más conocido entre el público sarraceno e infiel como "el día del entierro de la sardina". Y precisamente en estas dos caras de la moneda se basan mis recuerdos del miércoles de ceniza.

Por una parte, mi parte de ex-alumna de colegio de monjas recuerda el miércoles de ceniza como "ese día que no había clase por la tarde por lo de la ceniza". O sea, que era un día grande en los que salía la gran escaqueitor que hay en mí, en los que había una misa en la capilla del cole, y nadie me obligaba a ir pero a) se perdía clase y b) ¿hacen falta más razones?. Era como cuando alguna vez venía un cura a confesarnos, aunque lo de las confesiones lo podría dejar para otro día... gññññaaaa!! Es igual, lo cuento hoy y ya está.

C:\SINS> del *.*
All your sins will be forgiven! Are you sure? _


Mi primera confesión (antes de hacer la comunión) fue tan cutre como una confesión colectiva. Me explico, no es que nos pusiéramos a gritar al mundo que habíamos dicho "pu... y lo que sigue" (mis pecados con 9 años eran bastante sosos, aún me parecía que jurar como un marinero - como ahora - era pecao y me iba a llevar al infierno - y por entonces lo de ir al infierno me parecía que era malo, ahora es el cielo lo que me parece que sería un coñazo). Fue colectiva porque el cura tenía mucho lío (como decía Guillemmo Fesser, el de Gomaespuma, la gente se divide en dos grupos, los que trabajan y los que tienen mucho lío) y en vez de confesarnos una por una, nos hicieron escribir nuestros pecados en un papel (tamaño cuartilla o más bien "cachopapel", recuerdo el pánico porque ninguna íbamos preparadas para eso) y luego los recogieron y los quemaron todos juntos. Y hala, borrón y cuenta nueva.

Luego después de la comunión, de vez en cuando venía un cura de los escolapios (el colegio de al lado) para confesarnos, y como podéis imaginar, de repente todas teníamos un sentimiento de culpa y propósito de enmienda tremendo. Normal, porque durante toda la mañana había un reguero de niñas a portería (nos dejaban bajar sólo de dos en dos para que no armáramos escándalo) donde teníamos que esperar la vez como en la pescadería, y al final nos acabábamos juntando unas diez niñas histéricas porque estábamos haciendo pellas legales (y porque no se nos ocurría ningún pecado decente - si es que eso existe). Cuando te tocaba, entrabas en una salita con dos sillones donde estaba el cura, le soltabas tus ocurrencias esperando que no se hubiera copiado ninguna de tus compañeras (luego comparabas pecados y penitencias con las amigas como si fuera un examen) y hala, a la capilla (en la otra punta del colegio, atravesando el patio donde remoloneábamos un cuartillo de hora) a cumplir la penitencia (un par de padrenuestros y a correr - otra vez al patio a hacer tiempo por lo menos quince minutillos más). Y después, a subir otra vez a clase con cara seria y compungida como si estuviéramos muy afectadas por haber cumplido con el deber. Qué falsas xD


Pero yo estaba contando lo del miércoles de ceniza. El miércoles de ceniza había misa, y como siempre que había misa yo iba voluntaria forzosa (era la única miembro no-oficial del coro del colegio, lo que significa que tenía bula para saltarme la misa de los domingos - al menos eso creo, porque nunca fui - pero cuando había misa entre diario tenía que ir a cantar). Nos juntábamos unas quinientas personas en una capilla con capacidad para unas cincuenta, cantábamos el alabaré alabaré y qué alegría cuando me dijeron (y otros grandes éxitos) y llegaba el momento cumbre: la imposición de la ceniza, que consistía en que el cura metía los dedos en un perolo de cobre con las cenizas de su abuelo (eso de que eran las cenizas de quemar las palmas del domingo de ramos del año anterior nunca me lo creí mucho) y te plantaba una cruz en la frente. Ah, y además te gafaba, porque te decía que te ibas a convertir en polvo. Qué agradable ¬¬ Después había dos formas de comportarse: las niñas demasiado evolucionadas para su edad que corrían a limpiarse y las gansas como yo que hacíamos concursos de a ver a quién le habían plantado más ceniza (si te caía hasta por la nariz era un plus).

>Bueno, y hasta aquí mis andanzas de colegio religioso, porque la otra parte (la del entierro de la sardina) contiene la que fue mi primera borrachera, a la tierna edad de 12 añitos. (Menudo cambio de tercio, ¿eh? Lo sé xD). Esta parte la puedo resumir mucho más, porque sólo me acuerdo de dos cosas: primero, que la sangría tiene alcohol (quién lo hubiera dicho) y segundo, que me reía muchísimo de todo. Hasta que llegué a mi casa y me encontré a mi madre con una cara hasta los pies, pero eso es harina de otro costal...


Mi estadística personal

  • Peso: Por motivos ajenos a mi voluntad (básicamente tener un gripazo de pelotas) llevo dos semanas sin ir al gimnasio, así que hoy lo intentaré a ver si no me muero mucho por la tos.

  • Drogas varias: Me estoy quitando de la cafeína Zzzzz....

  • Novia: 0


Mi estadística multimielda

  • Pinícula: Hoy una de terror de hace unos añitos, "Al final de la escalera", que me tuvo acongojadísima la noche del domingo. Esta peli la vi cuando era pequeña, y recordaba algunas escenas... y que pasé un miedo tremendo. Pues bien, casi veinte años más tarde, la vi dándole al pause no sé cuántas veces porque me cagaba viva. *Nota mental (y no aprendo): no ver películas de terror con los cascos, sola y a oscuras* Eso sí, la peli está chula, sus la recomiendo.

  • Libro: "The boy next door", uno de esos "libros para chicas" (que me encantan!), escrito en forma de e-mails. Vale, no es muy profundo, pero es entretenidísimo.

  • Canción: La puse ya hace un par de días haciendo pruebas con Punka, es "Ensei no Shizunosecuantos", de la banda sonora de Mai Hime, una serie de anime que sus recomiendo mucho mucho mucho ^^

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